Consumo mínimo de dos bebidas
Un silencio incómodo se apropió del lugar abarrotado. El camarero elixni colocó una taza de metal llena de líquido en la mesa como si de un desafío se tratase.
Cuervo alzó la bebida y la olió. Si la habían envenenado, no era con nada fuerte. Le dio un sorbo, hizo una mueca ante el sabor amargo y bebió un poco más.
Al otro lado de la habitación, el capitán elixni colocó lentamente sus brazos inferiores sobre la mesa, sin desenfundar las armas. Hizo un sonido de aprobación que disipó la tensión de la sala. El elixni que sirvió la bebida se apresuró a volver tras la barra del bar y enseguida volvieron a sonar los chasquidos y golpes entrecortados que en el Tanque Vacío consideran música.
Glint salió revoloteando de la capucha de Cuervo y escaneó el contenido de la taza. "Está claro que no es bueno para la salud", dijo, "pero esta cantidad tampoco va a matarte. ¿A qué sabe?".
Cuervo le dio otro trago. "Mmm. Detecto notas de refrigerante, parafina y un toque de tiza quemada al final". Se levantó, sonrió y alzó la copa hacia el capitán. "¡Está asqueroso!", gritó en medio de la algarabía del bar.
"¡Cue… eervo!", rugió el capitán con una voz poco acostumbrada al habla humana. Golpeó con un puño la insignia de la Araña de su peto y siguió bebiendo.
"Me sorprende que sepa mi nombre", le dijo Cuervo a Glint mientras volvía a sentarse. "Ganarse mi aprobación no hará que se gane la de la Araña, pero, al menos, consigo bebidas gratis".
"Las historias sobre tus actos heroicos en la Luna se han extendido rápido", dijo Glint.
"Si Osiris no hubiera interferido, habría matado al alto Celebrante", farfulló Cuervo. "Entonces sí que iban a tener algo que agradecerme. De todas formas…".
Movió la nauseabunda bebida en la taza. "Salvé al mismísimo Osiris", dijo. Parecía satisfecho consigo mismo. "Los guardianes de la ciudad deberían tenerlo en cuenta. ¿Es uno de sus líderes?".
"No", dijo Glint. "La relación de Osiris con la Vanguardia es complicada".
"¿Por qué será que no me sorprende?", suspiró Cuervo. "¿Y la otra… persona? ¿Es alguien importante?".
Glint se quedó pensándolo durante un buen rato. Esa otra persona no había dicho nada todavía, pero si Cuervo iba a trabajar a su lado, un comentario desafortunado bastaría para que descubriese la verdad, y de boca de la persona menos apropiada.
"Ha logrado varias hazañas de importancia", dijo Glint con cautela.
"Bueno, no está mal", asintió Cuervo. "Ahora los dos han oído hablar de Cuervo".
"Ya veo que te has acostumbrado al nombre", dijo Glint. A pesar del ruido del bar, no subió la voz.
Cuervo se encogió de hombros. "Me han dicho cosas peores".
"Desde luego que sí", dijo Glint. Permaneció en silencio unos instantes. "No sabes las cosas que me decían mientras te reanimaba".
Cuervo vio el panel rayado de la carcasa de Glint, abultado por la cantidad de cables, y apartó la mirada. Se secó las manos en la tela áspera de la capa que le había dado la Araña. De repente, le habían empezado a sudar.
"No es más que un nombre", dijo Cuervo displicente. "Alguna vez me has contado que tuviste otros nombres".
Glint no se movió y se mantuvo en el aire sobre la mesa. "No como este".
Cuervo se inclinó hacia delante. "No entiendo", dijo, y le dio un empujoncito a Glint. "Explícamelo, por favor".
Glint se puso nervioso, pero, finalmente, accedió y se acercó a Cuervo. Su voz era suave y amable.
"Nunca había tenido un nombre de verdad", dijo. "La gente me llamaba cosas, pero tú me diste un nombre. Cuando oigo 'Glint' pienso en ti".
Cuervo asintió y se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir Glint. Su cara se retorció con angustia.
"Yo no pude ponerte un nombre", dijo Glint. "Lo hizo el barón Araña".
"Vamos, Glint…" espetó Cuervo, y le acercó las manos como si eso fuera a hacer que el pequeño Espectro se quitara esa idea de la mente. Glint parpadeó confuso.
Cuervo lo sostuvo entre sus manos y espiró lenta y prolongadamente.
"Glint", dijo con calma. El Espectro se inclinó.
"Sí, la Araña escogió mi nombre. Seguramente sea una especie de burla de lo que fui, una broma cruel. A lo mejor me devoraron unos cuervos". Glint empezó a hablar, pero Cuervo levantó la mano. "Sí, ya sé que no puedes contármelo, pero no creo que lo hiciera precisamente como un cumplido".
Cuervo bajó la mirada y la voz. "Cuando apareciste, estaba muerto. Antes de que eso ocurriera, creo que era todavía peor que ahora".
"Entonces me encontraste y me elegiste. Al principio…", Cuervo dio un trago a la desagradable bebida y se alegró de que le llenara los ojos de lágrimas, "… fue difícil. No podría haber superado todo aquello sin ti, y no lo digo por las veces que me resucitaste".
Cuervo extendió sus manos sobre la mesa mugrienta. "Para mí, todo lo que tengo, este lugar, la capa, esta bebida asquerosa, es gracias a ti. Eres la razón por la que estoy aquí, Glint. No me hace falta ningún nombre para recordarlo".
Los ojos de Glint emitieron un rápido destello mientras procesaba la información y, luego, adoptaron un brillo estable. "Lo entiendo", dijo.
Una colisión hizo temblar las paredes del Tanque Vacío. Las puertas de la entrada se desvencijaron y un centurión cabal enorme entró en el bar como un vendaval, arma en mano, y con cabezas de elixni colgando de su cintura como si fueran trofeos de caza.
"¿Dónde está Cuervo?", espetó.
"Aquí mismo", gritó Glint. Cuervo se puso de pie a la vez que empujaba la silla.
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Tras disiparse el humo, el capitán elixni volvió a soltar un sonido de aprobación y agitó la mano, haciendo el gesto universal de "le invito a otra bebida".