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"No van a venir".

Son palabras duras cuando se pronuncian en voz alta. Una despedida indirecta. Zavala no distingue la expresión de Ikora en el reflejo apagado de la ventana de su oficina, pero alcanza a oír la decepción en su voz. Al otro lado del cristal, la Ciudad parece ajena al torbellino de emociones. Las naves rugen en el cielo, las luces brillan entre la oscuridad de la noche y el Viajero vigila en silencio.

"Lo sé", responde Zavala después de un rato. Observa cómo el reflejo de Ikora se aproxima hacia él, pero no puede evitar sorprenderse cuando siente el peso de su mano sobre el hombro. 

"Su valentía es digna de admiración", le confiesa a Ikora. "Pero preferiría que estuvieran aquí para reñirles por cometer semejante imprudencia".

Ikora, sin palabras, responde apretando el hombro de Zavala para luego colocarse a su lado, junto a la ventana. "Recuerdo cuando tú y yo nos creíamos invencibles. Cuando nuestros Espectros parecían invencibles. Cuando éramos capaces de sentar las bases del futuro con nuestras propias manos. Pero todo ha cambiado. La lista de las personas que nos han dejado es cada día más larga", dice Ikora mientras observa cómo orbitan algunos restos lentamente alrededor del Viajero. "Hemos tenido que despedirnos de muchos amigos en los últimos años".

"¿Ahora quién nos queda? ¿Rasputín? Y pensar que yo mismo le abrí las puertas", dice Zavala dándoles la espalda a la ventana y al Viajero. "Para luego enterarme de que había traicionado a los Señores de Hierro mucho antes". Contempla las tablas de datos que están sobre su escritorio mientras aprieta la mandíbula. "¿Estamos tan desesperados como para aceptar asesinos en masa?". 

Se deja caer sobre su silla con un profundo suspiro, llevándose una mano a la frente con los ojos cerrados. 

"Zavala". La voz de Ikora suena seria, pero tiene un tono de preocupación. Lo sigue hasta su escritorio con los puños cerrados. "Juntos somos más fuertes, ¿te acuerdas? No vamos a abandonar a nadie". Su voz, ligeramente temblorosa, contradice la confianza de sus palabras. Nadie diría que Zavala la conoce desde hace más de un siglo. Cuando sus miradas se cruzan, ella reconoce en el rostro de él una carga disimulada que para cualquiera no sería más que una expresión de estoicismo y determinación.

Ikora se sienta en la esquina del escritorio con las manos sobre su propio regazo. "Sabes que sin ti, los habríamos perdido a todos", dice ella. Él no contesta, pero ella sabe que, en el fondo, Zavala es consciente de ello. "Yo tampoco estaría aquí sin ti". En cuanto Zavala intenta rebatir sus palabras, Ikora continúa sin dejarlo hablar. "Ahí fuera hay miles de personas que confían en nosotros para ofrecerles un resquicio de esperanza. Lo necesitamos. Todo el mundo lo necesita".

"Siento que les estoy mintiendo. A todos", interrumpe Zavala. "La Oscuridad ha llegado. El final se acerca y yo… siento que no puedo hacer nada para evitarlo", dice con los ojos cerrados.

Ikora mueve la cabeza y vuelve a apretar el hombro de Zavala. "Quizá no podamos hacer nada". Dadas las circunstancias, no parece ser la afirmación más adecuada, pero no ha terminado. "Aun así, la esperanza es lo último que se pierde". A veces se nos olvida y, en vez de aferrarnos a nuestra fe, nos dejamos llevar por el miedo y las dudas. Cuando yo empecé a perder la fe, hui a Ío. Todo lo ponía en duda. Incluido el Viajero". Le dirige una mirada de complicidad a Zavala, que también recuerda cómo terminó aquel capítulo de sus vidas.

"¿Qué ha hecho el Viajero por nosotros?", exclama Zavala apretando los dientes y golpeando el escritorio con la palma de su mano. 

Ikora retira suavemente su mano del hombro de Zavala y busca la cara de su viejo amigo. Ella comprende el dolor que esconden sus palabras y reconoce el destello de ira que empieza a apagarse en sus ojos. Ikora se levanta de la esquina del escritorio y vuelve junto a la ventana. 

"Lo siento", murmura Zavala acto seguido.

"No pasa nada", responde Ikora mientras contempla cómo flota el Viajero sobre la Ciudad, iluminándola. "El Viajero ha hecho, por lo menos, una cosa por nosotros". Zavala se toma un instante antes de responder.

"Y… ¿de qué se trata?", pregunta mientras se levanta de la silla.

Ikora observa el reflejo de Zavala en el cristal, reducido a una tenue silueta con ojos brillantes. Ella esboza una sonrisa. Zavala percibe un atisbo de paz y de alivio en su rostro. Un atisbo de fe. Un atisbo de verdad.

"Nos ha unido".
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